
La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el primer Domingo después del Domingo de Pascua.
Requisitos para la celebración
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Palabras del Santo Padre Juan Pablo II
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Palabras del Cardenal Macharski, Arzobispo de Cracow
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Domingo de la Divina Misericordia en el Vaticano
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Divina Misericordia en todo el mundo
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Celebración personal de la Divina Misericordia
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Propagación la Devoción a la Divina Misericordia
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| Para cumplir con esta Fiesta, deberíamos de comenzar una Novena a la Divina Misericordia el Viernes Santo, la Novena incluye intenciones especiales para cada día y concluye con la recitación de la coronilla de la Divina Misericordia. | |
| Celebración de la fiesta el primer domingo después del Domingo de Pascua, (Abril 11,1999) | |
| Venir al Señor con un corazón humilde y contrito, arrepentirse de todo pecado. | |
| Confiar firmemente en la Divina Misericordia del Señor. | |
| Confesarse (con un sacerdote) en ese día si es posible, de otra manera siete días antes o después según aprobación de la Iglesia. | |
| Recibir la Sagrada Eucaristía el día de la Fiesta.. | |
| Venerar la imagen de la Divina Misericordia. | |
| Ser misericordioso como Dios es misericordioso, practicar obras de misericordia, físicamente ayudando a otros o espiritualmente con oraciones de intercesión. |
"Yo le doy gracias a la Divina Providencia porque he podido contribuir
personalmente al
cumplimiento de la Voluntad de Cristo, a través de la institución de la Fiesta
de la Divina
Misericordia. Yo rezo incesantemente para que Dios tenga misericordia de
nosotros y del mundo
entero."
Santo Padre Juan Pablo II ( 7/6/97 )
Santuario de la Divina Misericordia, Cracow, Polonia.
En su carta pastoral de la Cuaresma en 1985, el Cardenal Macharski señala que
toda la Cuaresma
debería de ser una preparación para la celebración del Misterio Pascual: Cristo
crucificado y resucitado, quien es la misericordia encarnada. Este gran misterio
de nuestra redención, el cual el Cardenal llama: "un acto del amor
misericordioso de Dios," es celebrado no solamente durante la Semana Santa y en
el Domingo de Pascua, pero a través de la temporada de la Cuaresma, y
especialmente en la Día Octavo de Pascua, que Nuestro Señor le pidió a la
Hermana Faustina para que se designase como la Fiesta de la Divina Misericordia.
El Cardenal Macharski nos urge a usar la Cuaresma para prepararnos para esta
gran fiesta, poniendo mas y mas confianza en la misericordia de Dios y poniendo
la misericordia a la práctica a través de obras de misericordia.
El también enfatiza la importancia de recibir el Sacramento de la Reconciliación
durante la Cuaresma y pide que hagamos nuestra confesión antes del Domingo de la
Misericordia, aun antes de la Semana Santa.
Para aquellos que sienten que tienen que ir a la confesión el Domingo de la
misericordia, seria muy
bueno que siguiesen no solo este llamado del Cardenal Macharski, sino también el
ejemplo de la Beata Faustina, quien hizo su confesión el Domingo antes de la
Fiesta de la Misericordia. (Diario, 1072).
Las entradas del diario al referirse a las palabras de Nuestro Señor con
respecto a la confesión no
dicen explícitamente que la confesión debe de recibirse ese mismo día, pero que
la Sagrada Comunión tiene que recibirse en ese día. (Diario, 300, 699, 1109).
El Cardenal Angelini Fiorenzo celebró la Fiesta de la Divina Misericordia el
Domingo 11 de Abril de 1999 por primera vez en la Basílica de San Pedro en Roma.
Una gran multitud de devotos de la Divina Misericordia acudieron a las
ceremonias.
Muchas Diócesis y parroquias celebran el Domingo de la Divina Misericordia de
diferentes maneras. Algunas tienen una misa durante la hora de las tres de la
tarde, "hora de la Misericordia"; otras tienen una Santa Hora de Adoración
Eucarística, la cual generalmente incluye la recitación de la coronilla de la
Divina Misericordia.
La bendición de la imagen de Nuestro Señor Misericordioso y su veneración son
con normalmente
incluidas como parte de la la Misa o de la Hora Santa.
Informen a su sacerdote de esta fiesta tan importante y compartan con el la
devoción de la Divina
Misericordia.
Si tu no puedes atender una celebración organizada, hay muchas formas de
celebrar personalmente, tal como rezar la Coronilla de la Divina Misericordia,
leer las Sagradas Escrituras o leer selecciones del Diario de la Beata Hermana
Faustina (Divina Misericordia en mi alma), especialmente textos referentes a la
Fiesta. Algunos encuentran que es gran ayuda escuchar cassettes de
enseñanzas e himnos sobre la Divina Misericordia. Otros miran vídeos sobre el
mensaje de la Divina Misericordia y la vida de la Hermana Faustina. Ademas de
esto deberíamos encontrar oportunidades para actos personales de misericordia.
Jesús le dijo a la Hermana Faustina: " Haz lo que esté en tu poder para
propagar la Devoción a mi
Misericordia y yo supliré cualquier cosa que te falte."
Propaguemos esta devoción a través de folletos, diciéndole a otros acerca de
ella, diciéndole al
sacerdote local que celebre el Domingo de Misericordia en la parroquia, y por
encima de todo siendo misericordioso con los demás para honrar la Misericordia
de Dios.
Lista de distribuidores de las Publicaciones de la Divina Misericordia:.
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DECRETO SOBRE LAS INDULGENCIAS RECIBIDAS DURANTE LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
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Decreto sobre las Indulgencias recibidas
Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma los misterios del perdón divino y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia, más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud las obras exigidas y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. "El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo" (Dives in misericordia, 7). La Misericordia divina realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que, siempre con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme prepósito de no volver a pecar. Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente el perdón de los pecados mortales cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia o se arrepiente de los mismos mediante un acto de caridad perfecta y de dolor perfecto, con el prepósito de acudir cuanto antes al mismo sacramento de la penitencia. En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador debe confesar su miseria ante Dios, diciendo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo" (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello es obra de Dios: "Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado" (Lc 15, 32). Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de "Domingo de la Misericordia divina" (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000). El evangelio del segundo domingo de Pascua narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo el día mismo de la Resurrección en la primera aparición pública: "Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos"" (Jn 20, 19-23. Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos. De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II: "Los cristianos, recordando la palabra del Señor "En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros" (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente a los hombres del mundo actual. (...) Quiere el Padre que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra" (Gaudium et spes, 93). Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimo frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólico, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes: Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti"). Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas. Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempañan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti"). Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el prepósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria. Los sacerdotes que desempañan el
ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus
fieles acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con
espíritu pronto y generoso a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la
Misericordia divina, después de la celebración de la santa misa o de las
vísperas, o durante un acto de piedad en honor de la Misericordia divina,
dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes
indicadas; por último, dado que son "Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7), al impartir la catequesis
impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible obras de
caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo,
como se indica en la segunda concesión general del "Enchiridion
Indulgentiarum". Dado en Roma, en la sede de la
Penitenciaría apostólico, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San
Pedro y San Pablo, apóstoles.
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